domingo, 18 de mayo de 2008

AL PIE DEL TÁMESIS

(El siguiente texto contiene detalles claves del argumento de la nueva obra teatral de Mario Vargas Llosa, así que si aún no la han visto o leído, recomiendo esperar el siguiente post y hacerse los locos con este).

Hace unos días, gracias a la gentileza de un buen amigo, vi Al pie del Támesis. En verdad, no estaba tan apremiado por verla, pues si bien espero ansiosamente las recientes publicaciones novelísticas de MVLL (por cuya juiciosa defensa debo eludir las sarcásticas flechas arrojadas por mis amistades), nunca me he interesado en ver sus obras de teatro, aunque sí las he leído todas. Y es que, como muchos, sé que MVLL trascenderá por sus “novelas totales” (aunque claro, no por la totalidad de sus novelas). Sin embargo, como les contaba, gracias a la invitación de un amigo, se presentó la oportunidad de ir al teatro para ver la sexta creación vargasllosiana para las tablas y no la desaproveché. Así que ahí estuve, puntual, en el teatro del Británico de Miraflores, atento y cruzado de brazos en una de las butacas del medio.

No tardé mucho en darme cuenta de que estaba ante el archiconocido tema vargasllosiano del enfrentamiento entre la realidad y la ficción (que es, por supuesto la base del ensayo sobre Onetti – El viaje a la ficción - que acaba de terminar), así que pude acomodarme mejor ante la obra que estaba viendo. Alberto Ísola y Bertha Pancorvo en escena. Y bueno, ahí estaban los miraflorinos de siempre con su jerga de los 50, su mambo, sus chistes, sus inocentes tardes sabatinas. Y todo iba disponiéndose eficientemente para el final, hasta que en la última escena se produce una nueva “muda” en la realidad presentada (para emplear un término usado por MVLL en Cartas a un novelista), que termina desbaratando todo el trabajo previo. Se desvanece así la última certeza que teníamos los espectadores acerca de la vida y los padecimientos del forzudo Chispas. Descubrimos, luego de haberlo visto llorar por su desdichado destino (en el mejor momento de la interpretación de Ísola), que él no ha matado casualmente hace 35 años a su gran amigo Pirulo Saavedra arrojándole una pesa (luego de que Pirulo intentara besarlo en la boca), sino que durante poco más de una hora hemos sido testigos de sus más afiebradas fantasías. En estas fantasías, Pirulo, luego de que Chispas le propina un puñetazo en el gimnasio del Terrazas, desaparece de la vida de este y sale del Perú, se cambia de sexo luego de numerosas y arriesgadas operaciones, y así, convertido en “Raquelita”, se convierte después en su desinhibida esposa y, en otra versión, en su fogosa amante. De modo que la obra concluye cuando Pirulo (que nunca ha dejado de ser un hombre) interrumpe los arrebatos imaginativos de su amigo y entra en su habitación del hotel Savoy de Londres para apurarlo, pues abajo los esperan para una reunión de negocios. Fin de la obra. Percibo el sorprendido silencio de alguna parte del público cuando se da por terminada la representación. Pero no demoran en escucharse los aplausos, pues más de uno habrá pensado que total, esta vaina la escribió Vargas Llosa y esto es el estreno mundial y hay que aplaudir, ¿no?

Lo que le dije a mi amigo respecto a la obra, ya en las afueras del teatro, enfrentados al agresivo frío limeño, es lo mismo que sigo pensando: sin ese último cambio, la obra hubiera quedado redonda, habría adquirido más profundidad suscitando así muchas reflexiones. Me parecen muy oportunas aquí las palabras de Alonso Alegría al respecto: Es un fuerte precepto de la mejor técnica narrativa, porque es también requisito inapelable de la verosimilitud, que un evento sorprendente sea, al mismo tiempo, lógico. El espectador, confrontado o quizás embestido por un evento que parece surgir de la nada, debe reaccionar con un extrañado "¿qué cosa?" mezclado con un satisfecho "¡ah, claro!". La total sorpresa inmediatamente comprendida es una de las más agradables sensaciones que la ficción, de cualquier género, puede brindar.

Entonces, la sensación final es, en cambio, la de una obra ligera que aspira a ganarse al público mediante el humor (procaz en algunos casos) y las sorpresas, que cuando son demasiadas, como ocurre aquí, acentúan la irrealidad, lo artificial, de lo representado, a menos que MVLL haya querido aplicar a su obra el conocido distanciamiento brechtiano, no lo sé. Lo que sí sé es que, por suerte, no pagué entrada.


5 Comentarios:

Docto dijo...

Tienes razòn aquino fui a ver la obra esa y no pasa nada, pucha pero yo sì paguè entrada...bua bua

kafkiano dijo...

¿Eso escribiò Alonso Alergìa? Hasta que hizo algo bueno el tìo, porque lo que publica en Perù 21 hmmm.

Anónimo dijo...

Hasta q escribiste Aquino, mucho demoras en publicar. Sobre el teatro de MArio Vargas Llosa he escuchado siempre cosa negativas. Verdad que te has vuelto "suavecito" y q tus proximas reseñas en porta9 seràn tranquis?

Milagros dijo...

buen texto, chévere la crónica

Jack Martínez. dijo...

Chévere la crítica maestro. Veo que esa rigurosidad no se te quitará así nomás. Salud por eso!