
El día de mi cumpleaños, mis compañeros de la editorial donde trabajo me obsequiaron algo muy especial, un libro que quise desde que se publicara en el año 2005. Un libro que, por diversos motivos, no había podido comprar (no sé si les habrá pasado, pero a veces tengo la plata, pero no encuentro el libro; y, en otras, está el libro, pero no tengo la plata). De modo que cuando extraje La piedra alada, de José Watanabe de la bolsita de regalo -en donde también reposaba un bonito polo azul- me sentí verdaderamente feliz, y no sé si alguien advirtió la alegría infantil de mis ojos mientras estos miraban el libro con un cariño semejante a aquel con el que se mira a un hijo recién nacido. Y es que ahora, cuando ya me acerco a la treintena, mayormente sólo me ilusiono como chiquillo en Navidad cuando recibo un libro como regalo. A excepción de Jenni, no creo que el resto de personas que estuvieron esa tarde reunidas por mi cumpleaños, alrededor de la mesa con torta y bocaditos, haya sospechado la magnitud de mi dicha. Quien más cerca estuvo de comprenderme fue ella, sin lugar a dudas. Además ella, que es prácticamente paisana del poeta, fue quien compró el poemario guiada por sus peculiares pesquisas. De haber ido otra persona a comprar mi regalo, creo que me hubiera tenido que conformar con otro obsequio, de esos que también me gustan, claro que sí (cómo no habría de gustarme el perfume, la camisa o la cajita de alfajores que, con tanto cariño, me regalaron mi madre, mi hermano y mi gran amigo Édgar, respectivamente). Pero un libro para un letraherido como yo será siempre algo diferente.
1 Comentarios:
Interesante. Watanabe es un poeta de estilo inimitable. Un gran representante de la poesía contemporánea latinoamericana. Saludos,
Pd: ¿Quién es Jenny?
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