domingo 19 de septiembre de 2010

SI TOMA, NO ESCRIBA

No sabe que es la protagonista de la primera novela que escribí en el 2005. No sabe que, para colmo, se la dediqué colocando sus dos nombres (sabiendo que reniega del segundo). No sabe que cuando le enseñé esa novela a mi siguiente pareja, arranqué la hoja de esa dedicatoria. Mucho menos sabe, al menos por el momento, que se ha colado también en la segunda novela que estoy escribiendo y que esta vez sí voy a publicar. No lo sabe porque no puede: no nos vemos hace cinco años. Y si tuviera la oportunidad de saberlo no lo haría: le interesa un comino. Me diría, al estilo de Lourdes Flores, que me meta mis novelas a… hí donde no me llega el sol. Totalmente de acuerdo con ella. Es lo más razonable. O sea, ¿ya qué tiene que importarle lo que haga un patita al que ya no ve hace años? Claro, fuimos enamorados, pero tampoco es que las cosas hayan acabado bien, ¿no? Tiene razón.

Seré claro: ya no estoy enamorado de ella. Pero no niego que me gustaría verla. Conversar. Tranquilos, como hermanitos. Y si bien le hablaría de las novelas, no se las prestaría (en el improbable caso de que me las pidiera), y tampoco la invitaría a la presentación de la segunda de ellas. Mi primera pregunta en este quimérico reencuentro sería: ¿sigue vivo tu perro con nombre de poeta decimonónico español? Me parece un tema importante, pues de estar muerto, me sentiría más tranquilo al momento de bautizar así a un perro que pienso comprar en unos meses. Naturalmente, espero que esté vivo, digo, para tranquilidad de ella.

Me enamoré de su rebeldía. Ella era la chica mala que se vestía de negro. Que era atea. Que se hacía cortes en las muñecas. Que escuchaba Diazepunk. Sin duda, lo nuestro estaba condenado al pronto fracaso. Yo era el chico bueno, el de la estrellita en la frente, el que le lleva manzanas a la profe, el que se vestía con chompita blanca tejida por su mami, el chico salesiano, el que la única parte de su cuerpo que podía cortarse eran las uñas, el que escuchaba a Pedro Suárez- Vértiz. ‘Ta qué maleado. Es cierto que los polos opuestos se atraen, pero ojo: no por mucho tiempo.

No nos podremos reencontrar nunca. Metí la pata hace dos años cuando en estado de ebriedad le mandé un correo. Y es que entre la variada taxonomía de borrachosos, que incluye al borracho depresivo (“No debí nacer”), el borracho Pavarotti (“La donna e mobileee…”), el borracho Travolta (“Staying alive, staying alive a a a…”), el borracho Tyson (“¡Oe, qué chá te pasa ón! Ven pa’cá”), el borracho Buda (“No eshtoy borrasho, eshtoy meditando”)… yo soy el borracho web (“Vamos a mandar un correíto”). Por eso, os digo, si toman, no manejen. Pero, sobre todo, si toman, no escriban correos a sus ex. Si no, se van a estrellar así (por suerte mi SOAT sentimental estaba vigente):

Hola, qué tal

siento que comunicarme contigo es un poco accidentado, como que hay ciertos baches. será que no lo hacemos muy seguido. aunque no lo creas, siempre pienso en ti. me acuerdo de ese ya lejano año 2004 en que te tenía más cerca. he estado por escribirte llevado por la nostalgia de esos tiempos y por el amistoso deseo de saber cómo estás. sin duda, no soy uno de tus amigos, no sé exactamente que soy de ti. tres años han pasado desde la última vez que nos vimos, y de más está decir que cada uno ha hecho sus cosas. hasta donde deduzco tienes a tu lado a una persona que te quiere y a la que quieres, y eso está bien. respecto de ti, es obvio lo mucho que deseé que fueras mi pareja, que me quisieras, pero bueno, la vida es así y poco a poco me fui acostumbrando a la idea. ahora el que podamos ser pareja es por de más imposible. quizás por eso te escribo, para que sepas que no hay ninguna intención mía en ese sentido. soy un muchacho nostálgico, qué le voy a hacer, y por eso, mi plan era retomar contacto contigo y asì poder quedar un día y sentarnos a conversar, como patas nomás. a lo mejor mi gran error en el año 2005 fue buscar algo más que tu amistad. ahora bien, sè que las cosas nunca son fáciles contigo. imagino por ejemplo una brevísima respuesta a este correo mío. y no está lejos la posibilidad de que ni siquiera me contestes. solo te quisiera decir que te tengo mucho cariño, porque fuiste algo importante en mi vida. sè que no signifiquè lo mismo en la tuya, pero eso no importa, las cosas brotan y punto. esto era lo que te quería decir. ¿lo habràs leído completo? tampoco importa. lo que importa es que, cuando llegues a estas líneas finales, sepas que todo este tiempo mi aprecio hacia ti siguió presente. saludos y bueno, veremos qué pasa.



Si, la comunicación ha sido accidentada. Por eso no me sorprende que de cuando en cuando me escribas. No te respondo porque no sé que esperas que te responda. Han pasado, como dices, tres años y la verdad no entiendo porque el interes aún de continuar una comunicación que resulta ser forzada a veces. No te negare que por un momento me entraron las dudas de decirte para vernos, pero era para quitarme la duda de que es lo que deseas. No entiendo tampoco porque persiste el cariño. Guardo un buen recuerdo como tú, pero creo que las cosas deberían seguir como están. sorprendentemente no logro sentirme comoda cada vez que me escribes, no porque te odie ni porque te guarde rencor, supongo que se debe a que aún despues de de tantos años, siento tu mail igual a ese 2005 como dices tú. He tenido algunas parejas luego de nuestra relación, con ninguna he durado más de 6 meses. Ahora tengo una pareja con la cual estoy dos años y me pareceria una falta de respeto verte si a él tambien le parece incomoda la situación. Y ya te di dos razones por las cuales quiero que las cosas sigan asi. Una porque me siento incomoda yo, dos por que mi pareja se siente incomoda y la última sería porque yo te pondría en una situación incomoda que querrás olvidar. Está vez si respondi extensamente contrario a lo que pensabas.



Que las cosas sigan así entonces. No sé en qué radica tu incomodidad, pero igual respeto tu decisión. No incomodaré más. Si en tres años nada ha cambiado, entonces ya nunca cambiará. Por lo menos, me guardaré un adjetivo posesivo que aparece en tu mensaje. Supongo que con eso me basta.