Otro habría sido mi destino sin la vida y obra de Mario Vargas Llosa. Más de una década atrás, yo era un muchacho tan confundido como triste. Era, además, un muchacho pobre de recursos económicos. A pesar del esfuerzo descorazonador de mis padres, no siempre podían pagar el recibo de electricidad y, en más de una ocasión, mis cuatro hermanos y yo tuvimos que acostarnos temprano para olvidar nuestros estómagos vacíos, velados por mi acongojada madre. Por este motivo, cuando terminé la secundaria, tuve que “descansar” un año, pues no había forma de que pudiera seguir estudios superiores. Felizmente, mis padres nunca se han rendido, y en el verano de 1997 empecé a estudiar en el Centro Preuniversitario de la Universidad del Callao. Yo era la esperanza de la familia y tenía que sacarlos de la pobreza. Estudiaría Ingeniería Electrónica, una carrera rentable. Me preparé como si se me fuera la vida en ese intento, pero no ingresé, me faltó un punto. Verano del 98. Estoy en el inmenso cuarto que comparto con mis hermanos, revisando libros escolares. Me pongo a hojear los de literatura de cuarto y quinto. Leo la biografía de los escritores peruanos, me llama la atención algunas coincidencias vitales, me llama la atención algo que antes me había pasado desapercibido: existe una carrera que se llama Literatura. Y se puede estudiar en una universidad nacional: San Marcos. Si siempre me ha gustado leer, si todos los años gané el concurso de ortografía en el Salesiano, algo tenía que ver con esa carrera. Es entonces que encuentro un fragmento de La ciudad y los perros, aquel donde un muchacho le regala tizas a Teresita para que se pinte los zapatos y esta le regala una chompa tejida por ella misma. Quedé cautivado, preguntándome por qué mi profesor en el colegio había preferido que memorizáramos datos biográficos de los escritores en vez de leer sus obras. Esa misma noche le dije a mi mamá que quería estudiar Literatura en San Marcos. ¿Qué estudiaban en esa carrera? ¿En qué iba a trabajar? Ni yo mismo lo sabía, pero iba improvisando. Profesor, en editoriales, algo así. Mi mamá sabe que nunca dejaré de estarle agradecido por lo que hizo. Sacó la libreta donde planeaba el presupuesto familiar y con su aritmética milagrosa determinó que sí lo podíamos hacer. Trabajaría un poco más para poder pagarme la mensualidad de una academia que me preparara para el examen de admisión más difícil del país. Y así fue. Y debo admitir que por momentos sentía dudas sobre mi elección. Mis familiares pensaban que yo era un iluso. ¿Qué era eso de Literatura? Carrera para gente que le sobra la plata. En medio de esas dudas, un día de mayo de 1998 decido ir a comprar La ciudad y los perros a un ambulante que se colocaba frente a la puerta principal de la Universidad del Callao. Siete soles, edición Dora Varona tapa amarilla. Es así como cambia mi vida, pues a medida que pasaba las páginas mi goce no tenía límites. Cuando llegué a la página final, tenía los ojos húmedos. ¿Es que esto era posible? ¿Todo esto podía transmitir una historia? Decidí esforzarme por ser un escritor. Y empecé a leer una a una tus obras, Mario. Y en cada una encontraba esa felicidad que creía perdida. Empecé también a leer las entrevistas que te hacían. Me contagiaste la pasión por la literatura, por la ficción. Fuiste mi guía, Mario. Fuiste como mi segundo padre. Ejemplo de que cuando se hace lo que más se quiere no hay manera de fracasar. Pues así fue. La literatura no sólo se convirtió en mi más grande fuente de felicidad, mi orgía perpetua; la literatura me permitió sacar adelante a mi familia. Me convertí además en eso que llaman “un vargasllosiano” y no he entrado a pocos pleitos por defenderte. Porque en la vida hay que ser agradecidos y yo ahora quiero darte las gracias, porque si no me hubieras contagiado tu amor por la literatura, mi vida espiritual hubiese sido terriblemente pobre. Gracias, Mario, premio Nobel de Literatura 2010.
3 Comentarios:
Estimado Marlon. Que emoción causa leer el vínculo que existe entre la obra de Vargas Llosa y tu vocación literaria. Eres un ejemplo y me siento orgulloso de poder contar con tu amistad. Curiosamente en Ojos bonitos, cuadros feos uno de los personajes reflexiona sobre la vocación, si esta es innata o adquirida. Al margen de encontrar una respuesta, ver tu obra y trayectoria evidencian que la vocación hay que vivirla al máximo. Si la literatura subleva, emociona o cautiva al lector ya ha logrado su cometido. Fruto de esa acción, que llamamos arte, es tu historia de vida. Salud por MVLL.
Primo también comparto esa alegría por Mario.
Alex
A mí, en cambio, descubrir a Borges, MVLl y García Márquez me desanimaba. No importaba lo que hiciera, era imposible llegar a ese nivel, me decía yo.
Publicar un comentario en la entrada