sábado, 6 de noviembre de 2010

AMOR VIRTUAL (2da. parte)

Apenas si tuve tiempo para ponerme el casco y tirarme al suelo. Yo tengo un chico. No te había dicho porque cuando nos conocimos estaba peleada con él. Es que a veces es tan celoso, tan coqueto con otras chicas. Pero pues, que acabamos de volver. Le he da'o una oportunidad. Pero yo no quiero que tú y yo dejemos de comunicarnos, porque a ti también te quiero. Inmediatamente cerré el Messenger y me fui a mi cama. Le dejé de hablar por meses.

Tiempo después me fui a Argentina. A Córdoba, para ser más preciso. Allí, una noche, mientras conversaba con mi familia y mis amigos en Lima, me dio curiosidad por saber en qué andaba la valenciana. La desbloqueé. Fue ella la que me saludó. Muy astuta, me envió la invitación para verla por la cámara. Acepté. Al ver que me sonreía y me hacía hola con la mano, decidí volver a comunicarme con ella. A lo mejor ya había acabado con el bueno para nada de su novio. Falsa esperanza. Sí, todo va bien con él. Bueno, seguimos peleando. La otra vez me dijo que era una golfa. Pero esas son cosas que pasan en las parejas. Sí, claro, en las parejas de sadomasoquistas. Y tú, ¿ya te has casao? No, todavía. Pero uno nunca sabe, ahorita estoy viviendo en Argentina y hay muchas mujeres guapas, quien sabe si por ahí… Me sacó la lengua, dijo que las golfas eran las argentinas. Así recobramos el contacto.

Regresé al Perú. Pocos meses después, me involucré en una relación tormentosa con una mujer mayor que yo de la que me resigné a recibir sólo migajas de cariño. Para colmo, posesiva. Así que con el fin de evitarme una nueva escena de celos, borré a la valenciana de mi Msn y eliminé todos los amorosos correos electrónicos que me había mandado a lo largo de esos años (sólo del Hotmail, pues me tomé el trabajo de copiarlos en un archivo de Word al que puse contraseña). Desaparecí de su vida por un año. Cuando pasó la tormenta, y la amarga resaca de la tormenta, la volví a añadir al chat. Me dio curiosidad saber qué había sido de su vida. Cuando aceptó mi invitación, no supe qué decirle, cómo explicar mi larga ausencia. Le dije que me habían hackeado. Me dijo que por qué entonces no la había llamado al móvil. Le respondí que no había tenido ni tiempo ni dinero. Cuando le pedí verla por cámara, se negó. Es mejor que no me veas. No sabes todo lo que he pasado este tiempo. El que era mi novio se portó… muy mal conmigo. He estado en una depresión horrible. Estuve a punto de matarme y por eso me llevaron al psicólogo y luego… al psiquiatra. Mi casa es un infierno ¿sabes?, mis padres discuten todo el tiempo, mi mamá me dice que soy una carga para todos… ¿Dónde estuviste todo este tiempo? Si tan solo te hubieras acordado una sola vez de mí. Sabía que ella no estaba exagerando. Me sentí un infeliz. Un pusilánime que no había tenido el valor de enfrentarse a una mujer dominante para conservar una amistad que, después de todo, era inofensiva. Sin embargo, sentí también que le tenía mucho cariño, que me importaba. Le pedí disculpas. No debía decirle que la amaba, pues eso solo se puede saber cuando uno ha conocido, en vivo y en directo, en carne y hueso, a alguien. Pero se lo dije. Para que se sintiera bien. Naturalmente, no me creyó: ¿Qué pasó contigo que te volviste mentiroso?

Desde entonces la comunicación no fue la misma. Ella no me había perdonado el haberme desaparecido en un momento tan difícil de su vida. El “diablo” Eddy Carazas posado en mi hombro me decía: Hey, no seas monse, ¿qué compromiso tienes tú con alguien a quien nunca le has metido mano? A esa chibola sólo le gusta jugar contigo. Más bien aprovecha y dile que quieres verla calata por la cámara. Mientras que, en el otro hombro, El Angelito del 11 me aconsejaba: Sí se puede cultivar una amistad por Internet. Es la mejor manera de conocer el alma de una persona. Sorpréndela enviándole una carta. Eddy: ¿Carta? Bah… Métele floro nomás, flaco. No seas huevo frito. Dile que junte billete como loca y que, si te quiere de verdad, pues que agarre sus chivas y se venga al Perú, que acá tú la harás tu princesa. Cuando venga, ¡juá! le haces un hijo, te amarras y fugas a España. Allá te divorcias y sales con todas las españolas que puedas. ¿Sabes qué es lo que más les gusta que les hagan en la cama? Pues que se lo… Angelito del 11: ¿Pero qué demonios estás hablando, tentador? ¡Aléjate! Si te gusta esa muchacha, debes de hacer un plan serio para ir a conocerla, y así saber si es posible una unión matrimonial. Cuando hay amor, las fronteras no existen.

Opté por mantener la amistad. Me costó meses. Paciencia. Y en todo ese tiempo pensaba en la posibilidad de viajar. Pero es complicado. Al menos por el momento. Aunque a veces pienso que en verdad no la quiero mucho, sino movería cielo y tierra para reunirme con ella. Así que lo más probable es que cada quien haga su vida propia.

Y es que, analizando bien las cosas, somos unos desconocidos el uno para el otro. Somos un hombre y una mujer conectados a una fría computadora desde lugares muy alejados. A lo largo de estos años, en los que nos hemos distanciado y reencontrado tantas veces, hemos ido contándonos básicamente solo lo que nos conviene, lo que nos hace ver mejores. Nos hemos creado el uno al otro a imagen y semejanza de nuestros deseos y carencias. Para mí, su belleza y comprensión son únicas. Para ella, soy el hombre protector que tanto necesita… Tan parecido al amor.

1 Comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente tu post, a todos los que estamos metidos en el inter nos paso una historia parecida, lo malo es que siendo reales solo estamos enamorando con una fria pantalla.