domingo 5 de diciembre de 2010

UN REGALO MUY ESPECIAL

Espero un regalo especial otorgado por una persona en especial. Para ser más específico: el regalo de una mujer importante para mí. Este obsequio es un libro. La única novela de Vargas Llosa que aún no he leído. Soy admirador de la obra de Mario. Desde los dieciocho años, empecé a leer sus libros. He recorrido las páginas de casi todos. “Casi”, pues he postergado siempre la lectura de uno en particular. Decidí no leerlo primero por un comentario negativo de una profesora de San Marcos. Era mi primer año en la universidad y quedaría grabada en mi memoria la enfática desaprobación hecha por la profesora Roel con la cabeza y su índice derecho al referirse a esta novela. Un libro tendencioso, sucio, deplorable. Por eso en mi lista de lecturas vargasllosianas pendientes siempre ocupó el último lugar. Sin embargo, cuando tan negativo comentario dejó de influir en mí y estuve a punto de ir a comprar la vapuleada obra, decidí trastocar el significado de su lectura. Soy una persona que ama los símbolos. Decidí que esa novela tendría un significado especial: no iba a leerla hasta que alguien me la regalara. Una persona en especial, como decía en la primera línea. Y esta vez no pensaba en mi querida madre, a quien ya le había pedido obsequiarme libros que sabía serían inolvidables, los cuales me entregó en fechas significativas como pasó con Rayuela (tras mi ingreso a San Marcos) y Cien años de soledad y El Padrino (ambos para Navidad). No, esta vez pensé en una linda chica que estuviera enamorada de mí y de la que yo también estuviera enamorado. Le contaría toda esta historia y le diría el título de la novela. Así, sus manos me ayudarían a completar este curioso rompecabezas. Desde entonces, aguardo con curiosidad ese momento tan anhelado. Aunque, para ser sincero, cada vez que siento una incontenible curiosidad por leer esa novela me pregunto: ¿tendrá sentido esta espera?