martes 5 de abril de 2011

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR?

EDIPO: “NO ME AMAS LO SUFICIENTE”

Me dijo que por fin había descubierto el por qué de tantos de sus sufrimientos en el amor. Una plausible explicación de su incapacidad para llevar una relación de pareja por más de tres meses. La verdadera raíz de sus celos destructivos. La matriz de sus arrebatos pasionales. “Sabes que siempre me sentí el hombre más solo e incomprendido del mundo. Y han tenido que pasar muchos años para que me diera cuenta de que esa cuestión del complejo de Edipo algo tenía que ver conmigo. De verdad, no te rías. Siempre he buscado en todas las mujeres con que he estado, inconscientemente digamos, el mismo amor desinteresado y absoluto que me dio mi madre cuando era pequeño. Un amor egoísta por cierto, porque ella me daba todo a cambio de nada. Un cariño que yo ni siquiera tenía que esforzarme por tener y por el que no tuve que hacer nada para conservarlo: así fuera yo el más egoísta y el más malvado, ella seguiría queriéndome. Sin embargo, y esto recién ahora lo entiendo claramente, ‘madre solo hay una’. Lo que quiere decir que ninguna mujer volverá a darme ese amor así de desinteresado. Y supongo que madurar es entender esto, que es otro el amor a una mujer distinta de la madre. No mejor ni peor, sino diferente. Un amor que no viene de gratis, un amor que se gana y que se debe luchar para mantener. Más o menos como esa salsa de Willy que escuchábamos allá en el Callao, desde que estábamos en el cole, ¿te acuerdas?: ‘El cariño es como una flor / que no se puede descuidar…’. Algo así... Ahora me pregunto: ¿será tarde ya para cambiar? En todo caso… ¿sabes?, quisiera volver a hablar con X. Sí, de verdad, compadre. No sé, para decirle todas estas cosas… Que supiera que si le hice daño… No, estoy hablando huevadas. No puedo justificar así todo lo que la hice sufrir. Además, ¿ya está casada, no?”.


ELECTRA: “ME HACE DAÑO, PERO NO PUEDO DEJAR DE AMARLO”

La busqué para decirle que dentro de poco salía mi novela a la venta. Se alegró mucho al saber que por fin me había animado a publicar esa historia. Prometí hacerle una bonita dedicatoria y tomarme una foto con ella. No la veía hace tiempo, y, para ser sincero, solo la había buscado con la finalidad de asegurarme la venta de un ejemplar más. Mientras hablo con ella descubro que aún piensa que soy su “fan”. Cree que me sigo “muriendo” por ella. No le digo nada, me conmueve que crea esas cosas, no porque aún desee que esté conmigo. Veo que aún hay un gran vacío en su corazón. Aún anhela “ser todo” para alguien. Pero no dura mucho mi silencio: le pregunto cómo le va con su enamorado. La tomo por sorpresa, se cae la cucharadita de helado que estaba llevando a su boca. Le alcanzo una servilleta. Tras una pausa, habla. No, no están bien. Siguen peleando por todo. El consabido círculo vicioso de finales y reencuentros. “¿Por qué me pasa esto? Y es lo de siempre, amigo, se ocupa de mí solo cuando él quiere, pero lo que yo sienta le importa un pepino. Y yo me siento mal, porque aunque me hace daño con sus palabras, con sus silencios, con… bueno, ya sabes. Pero aún así, no me es fácil dejar de quererlo. Igualito que mi mamá con mi papá. Mi papá que, te contaré, ha vuelto a... Lo odio por eso ¿sabes? Pero después me digo no seas idiota, es tu padre… ¿Acabaré así, sufriendo toda la vida como mi mamá?”. Sin dejar de mirarla, pienso: “Si entendieras que no existe amor de verdad sin reciprocidad y que tu enamorado no es tu padre, las cosas serían muy diferentes. Recién entonces podrías estar tranquila”. Cuando nos despedimos, dos horas después, se me ocurre autografiarle así el libro: “Para mi querida amiga XXXX, porque solamente debemos amar a quien nos ama”. Quizás así entienda qué pasó conmigo.